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jueves, 22 de octubre de 2009

LA UTOPIA DE LA LEGALIDAD

Nuestro hermoso país se ha convertido en una payasada, desde que las leyes se han convertido en prostitutas que se pueden vender al mejor postor, ni siquiera porque tenga mucho dinero o mucha riqueza, simplemente porque se tiene un poquito de poder, un par de amigos y muchas ganas de gobernar sin más que una investidura que acredite los millones que se pueda ganar, bien sea por salarios o simplemente por uno u otro contratico que permita solventar los gastos del estrato 6.

La moda en nuestro país es modificar hasta nuestra preciada, pero manoseada e indignada constitución de 1991, cada que pasa un gobernante requiere cambiar uno que otro “articulito” para bien propio o al servicio de algún sector que requiera el favor del ejecutivo o el legislativo, la maquinaria prospera, se arma y consolida, la constitución sufre, pero que ¡qué carajo! Todo por la democracia!, o mejor, como diría una valiente comandante alguna vez frente a los medios de comunicación “¡defender la democracia maestro!”. Qué triste saber que la esencia misma de la constitución de 1991, está a punto de desaparecer, que el famosísimo Estado Social de Derecho, en el cual nuestro país está enmarcado y del cual se siente muy orgulloso; esta como la selección Colombia, cada día más desprestigiada, no gana ni un partido de banquitas en el Policarpa…. Pero bueno, es lo que tenemos y que le vamos a hacer….

En especial el actual gobierno se ha venido encargando de modificar la ley para que sea benéfica para muy pocos o en particular para un solo personaje, la sociedad sin memoria a la cual pertenecemos, ha permitido que las normas y las leyes no se cumplan desde aquellos que dicen crearlas, pero sí se las aplican a los trabajadores, a las clases medias, a los “de a pie” a las personas que dan su voto de confianza por aquellos que después les dan la espalda; que triste es la historia de nuestro país, sobre todo cuando encontramos que el ejemplo que viene de casa, ya se reproduce en las escalas menores del manejo del poder; la ley se aplica en su justa medida cuando a los pequeños administradores de instituciones públicas como por ejemplo….. Un COLEGIO, les da por interpretar la ley como a su buen criterio parezca, por no decir que “le da la real gana”, sin tomar en cuenta los contextos en los cuales se desarrollan las actividades curriculares. Pero si somos éticos y justos la ley es para cumplirla y de eso no hay discusión porque de lo contrario sería entrar en el juego de aquel que interpreta y cambia la constitución para bien propio. Sin embargo la falta de información legal, es la que tiene las “interpretaciones” o lo que llaman la jurisprudencia a la postre de cualquier sujeto. Las sentencias que se publican cada vez que hay una mala o errada interpretación de la ley no se conocen o las conocen aquellos que realmente están comprometidos con el tema de los derechos, los deberes y la ley, el resto de las personas las desconocemos. Lo mismo sucede cuando a los maestros se nos quiere aplicar la ley letra por letra, sin tomar en cuenta las necesidades de la comunidad educativa o los contextos socioculturales en los que estamos inmersos, decretos como el 1850, la ley general, el decreto 1860, el 0230 de 2002, o la ley que reglamenta el régimen especial en cuanto a salud y pensiones , se han prestado para diversas interpretaciones, dependiendo del rector o director de turno, así mismo los secretarios de educación, directores de educación local o cuanto lagarto aparezca, ven allí la oportunidad de sacarle provecho político y quedar bien con alguien, quien???, pues habrá que preguntar, para saber a quién se le hace el lobby!.

La otra cara de la moneda se deja ver cuando la ley tropieza con sus intenciones, que no necesariamente son oscuras, son simplemente intenciones, que pueden generar molestia al atropellar al maestro y los procesos, allí no hay legalidad, “la ley no puede ser tan poco democrática” me dijeron hace poco…., entre muchas otras expresiones convenientes, simplemente ocurre de nuevo, la utopía de la legalidad nace de la conveniencia y de la coyuntura, del hacer lo que bien nos parezca, de interpretar lo que quiero, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver.

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